Siempre me aburrió estudiar. No es que me costara, pues
entendía las cosas con bastante rapidez, pero no le veía ningún sentido. Y,
como me aburría en clase, pues a veces me pasaba el rato hablando con mis
compañeros o estaba distraída.
Pero, en primero de bachillerato, algo cambió. Llegó un
profesor de Historia, que además era nuestro tutor y que nos motivó mucho a
todos. Nos pedía que diéramos nuestras opiniones y nos hacía preguntas
interesantes que nos obligaban a pensar. Por primera vez me encontraba a gusto
en una clase. Sentía que podía ser yo, exponer lo que pensaba y, además,
entendía las cosas sin tener que memorizarlas como si fuera un loro.
Tenía ganas de seguir estudiando los temas que tratábamos en
clase. Pero, claro, eso me pasaba sólo con su asignatura. El resto
de materias me seguían pareciendo muy aburridas y, para ser sincera, no daba
palo al agua. Un día mi profesor de Historia me llamó al despacho. Me dijo
que él estaba muy contento conmigo, pero el resto de profesores no. Si no me
aplicaba de verdad, iba a catear el curso y él pensaba que era una pena, que
valía para estudiar y que era una persona inteligente, con ideas propias que podía
llegar a la universidad si me lo proponía.
El me escuchó atento y me preguntó por qué no estudiaba algo
que me permitiera cambiar las cosas. Y a partir de ahí durante varios días,
estuvo ayudándome a buscar estudiar, en qué encajaría.
No sé cómo, llegué a la conclusión de que quería cursar
Derecho. Y, de repente, algo cambió en mí: ya no iba a la escuela
porque mis padres me lo mandaran, si no porque quería llegar a ser algo que yo
misma había decidido.
Gracias a aquel profesor, actualmente soy abogada. Y la
verdad es que no sé qué habría sido de mí si no se hubiera cruzado en mi
camino. Él me hizo confiar en mí misma y me enseñó a tomar decisiones de cara a
mi futuro. Tal vez si hubiera más docentes como él, no habría tanto fracaso
escolar entre los jóvenes. Por eso, hoy quiero agradecerle al profesor
Hernández todo lo que hizo por mí y por el resto de sus alumnos. ¿Hay docentes así en tu centro?

No. De eso no queda ��
ResponderEliminarYo he tenido varios así. Recuerdo de pequeño a D. Juan y a D. Mariano. También me acuerdo de D. Fermín. De mayor en el instituto me hacía gracia Juan Cox de Lengua. En la Universidad recuerdo que los profesores eran un poco fríos. Sólo un profesor muy sabio y humilde.
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo. Texto muy acertado. La verdad que en mi época de instituto muy pocos profesores había así... la mayoría te hacía estudiar repitiendo como un loro para plantarlo en el examen y luego olvidarlo. Por suerte si que había alguno como el de historia o filosofía que se molestaban en que entendieras y que sus clases valían realmente la pena. En la universidad yo solo vi uno así. En fin, especie en extinción. Una pena, habría que cambiar el sistema educativo un poco...un saludo!
ResponderEliminarToda la razón
ResponderEliminarMe pasó algo parecido en un módulo superior de programación y por fin después de una EGB pésima,Me enseñarón a estudiar, hicieron intetesantes sus asignaturas con su pasión por ellas, les debo buena parte de lo que he conseguido en la vida. Así que si, hay grandes profesores,gracias a todos ellos que aman lo que hacen y lo trasmiten
ResponderEliminarMe ha gustado mucho y me alegro que haya profesores asín que los hijos aprenden mucho y se motivan mucho.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho tu experiencia acerca de la enseñanza, y de cómo un profesor es capaz de motivar y animar a las personas para que al final consigan sus sueños.
ResponderEliminarYo creo que se ve muy bonito todo desde fuera, pero es muy difícil (desde el punto de vista del profesor) motivar algunas veces, (sobre todo a ciertos alumnos), además de que en la universidad no te enseñan realmente las técnicas para hacerlo, así que, o tienes carisma y te buscas las mañas para hacerlo, o difícil lo tienes...
ResponderEliminarEs bonita esta historia que comentas sobre como algunos profesores llegan a sus alumnas. Paco
ResponderEliminarEsto es de Vélez Rubio???
ResponderEliminar¡Hola! Yo también estoy totalmente de acuerdo contigo, Pilar. Creo que el profesorado debería motivar al alumnado y enseñarles a ser independientes y a creer en ellos/as mismos/as. El problema es, creo yo, que el profesorado actual tampoco está muy motivado en su puesto de trabajo, pues este sistema que tenemos facilita poco las cosas. Si los docentes fueran felices en su puesto de trabajo, mejoraría la calidad de la enseñanza. Esther
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